La comarca de Las Hurdes está situada al norte de la provincia de Cáceres, en el límite con Salamanca, formando la llamada “boina de Extremadura”. La Sierra de Gata y el Valle de Ambroz rodean el territorio y conforman su bello paisaje natural. Cuatro valles discurren entre sus montañas: el Ladrillar, el del río Hurdano (que divide en dos la comarca mediante su afluente: el Malvellido), el del río Esperabán (al oeste) y el de Los Ángeles.
Las Hurdes están compuestas por cinco municipios: Caminomorisco, Casares de las Hurdes, Ladrillar, Nuñomoral y Pinofranqueado y unas 40 alquerías dependientes de estos concejos.

Fuente mapa: www.celtiberia.net
Los primeros documentos escritos que hacen referencia a la comarca datan de finales del siglo XIII. Sin embargo, los grabados rupestres situados en el vecino valle de Las Batuecas y en algunos de los pueblos, son testigo de la presencia humana en la zona desde miles de años atrás.
Los romanos también dejaron huellas durante la dominación de la Lusitania extremeña. Los árabes se asentarían en sus tierras dedicados a la agricultura.
Una significativa fecha de arranque para el estudio de su historia, ha de situarse a finales de la Edad Media, más exactamente en el último tercio del S. XV, cuando la comarca, formando parte de la Comunidad de villa y tierra de Granadilla se insertó de lleno en el esquema jurídico-administrativo y económico del señorío de la casa de Alba. En esa época comienzan a dejarse sentir los efectos de la administración ducal sobre la villa y tierra, inmersa en un proceso de plena incorporación a un típico sistema organizativo bajo medieval, se que se estaba dando también en otros lugares del territorio extremeño.
Podemos decir que la Baja Edad Media marca el inicio de una etapa de transformaciones para La Hurdes, por cuanto la administración ducal introduce una dinámica de control jurídico administrativo (a través del reglado sistema de cargos concejiles de dependencia señorial, el Tribunal o Consejo de Justicia del Duque, etc.) y reordenación económica e intervención social, teniendo siempre a Granadilla (la villa cabeza del señorío) como instrumento de dicha intervención señorial.

Fuente fotografía: http://www.flickr.com/photos/8866806@N03/544001161/
Pero las décadas finales del S. XV y los primeros tercios del S. XVI son también una época de profundas transformaciones en los ámbitos económicos y demográficos. Es una etapa de expansión demográfica y económica, una época, podemos decir, de reconstrucción, superada ya la crisis del S. XIV en todo el territorio de la Corona de Castilla.
En ese contexto, una primera intervención de la casa ducal iría encaminada a adquirir el suficiente conocimiento del territorio señorial y a racionalizar la administración de la comunidad de villa y tierra, con el objeto, sin duda, de acrecentar y las rentas señoriales. El señorío bajo medieval poseía un esquema propio de ordenación territorial, distribución, aprovechamiento de recursos materiales y asignación de funciones, etc., aunque el esquema de un dominio señorial omnipresente y riguroso quedará algo amortiguado en este caso dada la condición de Comunidad de villa y tierra de Granada y sus diecisiete lugares a finales del S. XV, a pesar de lo cual es innegable que la casa ducal seguía poseyendo unos considerables privilegios jurisdiccionales y territoriales.
Entre estos privilegios territoriales, resto de antiguos y pujantes derechos, estaba el disponer libremente de los baldíos y una serie de ventajas en los aprovechamientos agrícolas y ganaderos. En la comunidad de villa y tierra existían, por entonces, algunos baldíos como los de Monfrontín, la dehesa de la Granja, la de San Miguel, etc., que previa petición al duque, fueron cedidos mediante censo a los vecinos de la propia villa y tierra. En este sentido, desde tiempo inmemorial el territorio de “lo Franqueado”, de Las Hurdes Baja, era considerado como un territorio -un baldío- perteneciente a los propios del concejo de Granada, que lo arrendaba para su aprovechamiento ganadero a vecinos de Robledillo a cambio de una renta anual, y sin que dichos vecinos tuvieran obligación de pagar las hierbas de toda la comunidad de villa y tierra al Duque.
Por otra parte, la “dehesa de jurde”, en Las Hurdes Altas, tenía a finales del S. XV la condición de “dehesa de concejo”, destinada al aprovechamiento ganadero por los vecinos de La Alberca que pagaban una renta por los arrendamientos.
Así pues, tanto Las Hurdes Altas como las Bajas estaban insertas en un esquema superior, sometidas al control señorial y bajo la directa administración de la villa de Granada. Formaban parte de una organización, el señorío bajo medieval, que las englobaba y al que se subordinaban. Mientras que la población de la dehesa hurdana no fue demasiado numerosa, su estatuto jurídico y territorial no varió.
Sin embargo, cuando el crecimiento poblacional (S. XV-XVI) alcanzó cifras de cierta importancia, las necesidades aumentaron y se plantearon, cada vez más, graves tensiones entre los moradores hurdanos y los concejos de Granada y La Alberca (sobre todo entre este último y los hurdanos de su “so campaña”.
Todo esto condujo a la formalización de los respectivos Censos enfitéuticos, entre “lo Franqueado” y Granada por una parte y ” la dehesa de jurde” y la Alberca por la otra. Los censos fueron entre otras cosas, un instrumento de reconocimiento y normalización de la situación territorial y administrativa de las Hurdes, región en la cual se había ido desarrollando y consolidando una población que demandaba un nuevo marco jurídico, acorde con el desarrollo social y económico que había venido experimentándose desde finales de La Edad Media. En este sentido, los Censos pueden ser valorados como la expresión de un momento culminante en el proceso de conformación espacial, económica y social de la comarca hurdana.
Teniendo en cuenta todo esto, cabe decir que las diferencias en la evolución histórica que se dan entre Las Hurdes Altas y Bajas (Nuñomoral y Pinofranqueado) guardan una estrecha relación con la distinta condición de partida de ambos territorios: la “dehesa de lo Franqueado” era un bien de propios del concejo de Granada, por cuyo aprovechamiento las arcas concejiles recibían una renta, mientras que la “dehesa de jurde” fue entregada, a finales del S. XIII, a la Alberca como una dehesa “de concejo”, es decir, como un territorio que estaba destinado al aprovechamiento directo por parte de los propios albercanos que ejercían sobre él un dominio característico del feudalismo concejil.

Fuente fotografía: http://users.servicios.retecal.es/ea1dat-sama/
En consecuencia, las luchas, “pleitos y contiendas”, que se desarrollaron entre las distintas partes firmantes de los censos (como consta en las fuentes documentales de la época) no fueron más que la consecuencia lógica de un enfrentamiento de intereses distintos. Sobre todo los conflictos entre La Alberca y Las Hurdes Altas, los más numerosos y significativos en el plano histórico.
Así pues, como hemos señalado, en Las Hurdes, tanto Altas como Bajas, a partir del S. XVI se sucederán una serie de intervenciones correspondientes a dos planos distintos: un primer plano corresponde a lo que denominaremos “exterior-superior” (”élites del poder”), directamente. Relacionado con la comarca, es decir, aquellas actuaciones administrativas y políticas surgidas de las instancias administrativas superiores (ya sea la casa ducal, o el obispado con su intervención en muchos casos materiales o el propio Estado moderno de los S. XIX y XX); un segundo plano es el que se refiere a la actuación de las “élites culturales” de la región, que venían a ser como la “conciencia” de ese exterior-superior que actúa en el primer plano, convirtiéndose en ardientes defensores de la transformación de la sociedad hurdana, casi siempre con un discurso que parte de posiciones morales y moralistas, aunque, naturalmente ello no significase que no se dieran, también casi siempre, honestas intenciones en el plano personal.
En la primera mitad del S. XVII se reducirá una significativa intervención que reúne los dos planos a que nos hemos referido. Se trata del proyecto del obispo Vicente y Cebrián de reagrupar las dispersas alquerías hurdanas en unos pocos núcleos urbanos, continuación de la de otro obispo, antecesor suyo, Porras y Atienza.
Esta iniciativa surgió en una época en la cual los lazos de dependencia señorial se habían aflorado considerablemente, debilitándose los mecanismos de la administración señorial en todo el territorio de la villa y tierra de Granadilla (en un proceso de semejante al del resto del Estado, cuando el fortalecimiento de la monarquía borbónica centralista y absolutista influyó decisivamente en el declinar de los estados señoriales). En tal situación será la Iglesia la que se encargue de promover una serie de acciones que revelan una evidente preocupación por la salud espiritual e los feligreses hurdanos pero que suponen también una atención hacia el estado material de la comarca.
Eran propuestas de regeneración moral y material, que suponían de nuevo un intento de reintegración a la totalidad por la vía de una reordenación racionalizadora del espacio urbano.
Sin embargo, el proyecto del obispo Vicente y Cebrián no se llevó a cabo ante la resistencia de los propios hurdanos, pero ¿por qué se resistieron a una iniciativa que no puede ser ni simple ni tajante, pero debe poseer cierta lógica avalada por la perspectiva de los acontecimientos posteriores? Los hurdanos, una vez más, se negaron a secundar un proyecto fruto de la intervención del exterior que venía a desconocer en su esencia la profunda dinámica interna de la herencia y los derechos de “rozar” en la comarca. Es decir, se negaron a desarrollar un proyecto que ignoraba desde su raíz el “tempus” interno comarcal, el ritmo social, económico y racional de Las Hurdes. Reagrupar significaba, en el S. XVIII y también en nuestros días, reorganizar, comenzar de nuevo perdiendo la raíz histórica de los tradicionales poblamientos, la base, física, pero también inmaterial, sobre la que se asentó y se asienta un territorio humanizado no sin esfuerzo por sus propios moradores.
La siguiente intervención significativa del exterior-superior que interesa destacar ahora se produjo ya en la primera mitad del S. XIX y se corresponde con la intervención del Estado liberal-burgués: las desamortizaciones de los bienes eclesiásticos y civiles -tras las Leyes de Mendizábal y Madoz-. Esta última desamortización -la de Madoz- fue una de las intervenciones de mayor trascendencia de cuantas se han realizado en la comarca, dadas las propias características del proyecto desamortizador: objetivos generales, procedimiento y efectos inmediatos. Tuvo unos rasgos específicos que confirman la “ceguera” con que el exterior-superior ha actuado casi siempre en Las Hurdes. En el caso de las reagrupaciones del obispo Vicente y Cebrián, se pretendía, como hemos dicho, una “reordenación territorial”, y se trataba de un proyecto que pretendía lograr unos fines de mejora material y espiritual que no parecían descabellados. Era ésta una propuesta a la que podemos calificar como “individualizada”, específic a, surgida tras una evaluación de las condiciones generales de la comarca, y formando parte de un plan de actuación específico, con objetivos intracomarcales. La desamortización civil, por el contrario, dadas sus propias características que un proyecto de carácter extracomarcal, insertó en una política supracomarcal y supraregional, indiscriminada, no específica, con múltiples objetivos: financieros, políticos, sociales, etc.
La desamortización civil del S. XIX representó para la comarca algo que podría calificarse como “atropello”, ejercido sobre lo que hasta entonces eran sus territorios de aprovechamiento comunal. Partiendo de una equívoca y confusa caracterización de los bienes de propios (desamortizables según la ley) y comunes (no desamortizables), salieron a pública subasta los montes de los términos municipales que, desde tiempo inmemorial, habían sido lugar de aprovechamiento ganadero (cabras y colmenas) y agrícola (rozos). Quizá el equívoco legal de la desamortización guardara relación con que los bienes comunes fueron calificados, antes del S. XIX, como bienes baldíos, arbitrados o apropiados, es decir, considerados como fincas municipales, que, sin tener el origen de propios, se empleaban como tales, destinándose sus rentas, en ocasiones, a sufragar determinados gastos municipales.
Sin embargo, la realidad es que desde finales del S. XVIII, por fijar una fecha de referencia significativa, las fuentes documentales revelan que en Las Hurdes no había bienes de propios como tales en ninguno de los tres concejos que existían entonces (Pinofranqueado, Nuñomoral y Caminomorisco), salvo un (pequeño) “prado para pastos” en Pinofranqueado y “seis charcos” en Caminomorisco. Por otra parte las fuentes de la primera mitad del S. XIX, muestran que los territorios hurdanos desamortizados como de propios no eran sino predios explotados colectivamente por los vecinos, indiscriminada y gratuitamente, aunque en determinadas ocasiones se exigiera el pago de alguna cantidad o canon o, incluso, fueran “arbitrados” para destinar sus rentas a los gastos municipales.
Sin considerar los aprovechamientos de montes baldíos a que los hurdanos tenían derecho mancomunadamente con los otros concejos de la antigua “comunidad de villa y tierra” de Granadilla (aprovechamientos situados fuera de la comarca), en Las Hurdes, a mediados del S. XIX, se constata un limitado número de bienes rústicos a los que se arbitró una determinada cantidad para el gasto municipal y a los que si se podía considerar como bienes comunes. En el caso de Pinofranqueado, por ejemplo, según respuesta una circular de la Diputación provincial, de mediados del S. XIX consta que “están arrendados sus pocos terrenos comunes en 1.300 reales que pagan los ganaderos”. Igualmente, en respuesta a otra circular en la que se pedía información acerca de terrenos baldíos y dehesas boyales, el ayuntamiento daba cuenta de la existencia de los terrenos del término, “sierras bravas que sólo producen brezo y madroñeras y carquesas”, con una extensión de, aproximadamente, mil seiscientas fanegadas que “pertenecen al c omún de los vecinos”, las cuales se arriendan anualmente a los ganaderos.
En el caso de Caminomorisco ocurrió algo semejante. Una relación de fincas del término jurisdiccional del concejo que se realizó en 1855, da la noticia de la existencia de un pedazo de “pinal machío” sito en la sierra de Cambroncino, de dos fanegas en sembradura que tiene “sobre 200 pies entre medianos y pequeños”. En nota aparte se hace constar que “las ásperas sierras del término de este concejo titulado Hurdes, sin arbolado ni pastos, son de “aprovechamiento común”.
La consideración de estos territorios como bienes comunales o, mejor, de aprovechamiento común, tuvo importantes consecuencias en relación con el uso que de ellos podían hacer los hurdanos. Según lo contenido en el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura, para los casos de Pinofranqueado y Caminomorisco, los vecinos podían “rozar” el monte. Ello significa, desde luego, que se hicieran “suertes”. Como se advierte para el caso de Pinofranqueado. Las fuentes corroboran que, por regla general, sólo se trataba de terrenos que los vecinos podían aprovechar libremente. La desamortización civil vendría, por tanto, a limitar y coartar ese derecho tradicional en Las Hurdes.

Fuente fotografía: http://www.flickr.com/photos/8866806@N03/1418001152/
Hasta esa fecha y sin otras limitaciones que las derivadas de un racional y prudente uso del territorio tratando de no lesionar intereses de los demás vecinos, el hurdano podía rozar, es decir, quemar y sembrar, determinados lugares apropiados en el monte. El término concejil estaba así, en toda su extensión, destinado al disfrute de los ganados y, en ocasiones para usos agrícolas. Todo ello comenzaría a verse en dificultades y entorpecidos tras las disposiciones desamortizadoras que, en la práctica, “recalificaban” la condición de los términos convirtiéndolos en bienes de propios, arrancando su legítima titularidad al común de los vecinos.
Los hurdanos fueron muy conscientes del prejuicio que la desamortización les supondría. Así, según consta en un escrito dirigido al Gobernador de la provincia, firmado por el ayuntamiento y los vecinos representativos de Pinofranqueado, se hacía notar que “los terrenos que hay en el término jurisdiccional de este concejo, fuera de los de dominio particular, son todos de aprovechamiento común de estos vecinos y como tales se han venido considerando y disfrutando desde tiempo inmemorial”.
Se pretendía que los territorios fueran reconocidos como de común aprovechamiento y, por consiguiente, quedarán excluidos de la desamortización, porque de lo contrario ” se elevaría su conocida pobreza a un grado insoportable”. Razonaban y argumentaban los vecinos su falta de vaticinio relacionando el potencial de pastos del territorio común con el desarrollo de la pequeña agricultura de los huertos familiares y resaltando así claramente la función de complementariedad entre agricultura y ganadería, esenciales para la economía hurdana a lo largo de toda su historia:”Pues que los huertos que es de lo que por aquí principalmente se depende, como están situados en un terreno escaso necesitan muchos abonos de vicio, que le podrían hacer porque no podrían tampoco continuar con sus cabras si el comprador del terreno se empeñase en hacer vales los pastos: que dado este muy probable caso las escasa agricultura que hay concluiría ¿y entonces qué sería de estos desgraciados habitantes?”.
Sin embargo, la petición de los hurdanos fue ignorada y los territorios comunales salieron a pública subasta. Los vecinos, tanto de Las Hurdes Altas como de las Bajas, reaccionaron ante la amenaza que ello representaba constituyendo sociedades de compra y explotación de los terrenos para adquirir lo que ya era suyo desembolsando fuertes cantidades de dinero. Y es a partir de la desamortización cuando se configuró y consolidó el destino funcional de los antiguos territorios comunales, pero con una tutela administrativa más directa por parte de los ayuntamientos, rebajándose considerablemente, en la mayoría de los casos, el papel predominante que hasta entonces había tenido el “común” de los vecinos en su gestión.
Finalmente, la última intervención de ese exterior-superior que venimos destacando se produjo bien entrada ya el S. XX, a partir de 1940, con la repoblación forestal de los montes de la comarca. La repoblación obligó a recalificar la condición de dichos montes que fueron declarados de utilidad pública quedando bajo la tutela, primero de los respectivos ayuntamientos y, finalmente bajo la administración directa de un organismo nacional, estatal (Patrimonio forestal del Estado-ICONA). La repoblación no sólo conculcó derechos históricos, sino que acabó por forzar una nueva orientación del proceso productivo en la comarca, imponiendo una nueva especialización del suelo (forestal, madera) que interrumpió el tradicional aprovechamiento ganadero (abejas y cabras) que los hurdanos habían venido practicando en sus territorios a lo largo de la historia y que impidió también la continuación de una serie de prácticas agrícolas, los rozos del monte, que tradicionalmente habían sido complementarias del aprovechami ento ganadero. Por otra parte, la repoblación, al arrebatar a los hurdanos la gestión directa de sus montes comunales, ha dejado nuevamente en estos una conciencia de “expolio”, que se manifiesta ahora en el modo de encarar los problemas relacionados con los incendios forestales y sus consecuencias.
Los inicios del siglo XX están marcados por la acción paternalista y los discursos moralistas de las denominadas “élites culturales, sociales y políticas” que intentan imponer su doctrina desde el exterior en una zona que según ellos carecían de los recursos “morales y materiales” necesarios para el desarrollo del pueblo. Así pues, el 8 de julio de 1903 nace la “Sociedad Esperanza de Las Hurdes”, con el apoyo de los eclesiásticos y significados representantes de la élite provincial. Esta Sociedad es el máximo exponente de la acción organizada en torno a Las Hurdes desde postulados que reflejan la mentalidad regeneracionista moral burguesa propia de los comienzos de este siglo. Los objetivos de la Sociedad comprendían tanto la mejora material como espiritual de la región y utilizó los medios de comunicación de masas para difundir esta situación social, económica y moral de la región. En torno a ella se fue formando un numeroso y representativo núcleo de filántropos y benefactores de las provincias de Cáceres y Salamanca procedentes de los ámbitos universitario, eclesiástico y político, que comenzó a mover la conciencia de la opinión pública y a llamar la atención del Estado hacia los problemas de la región hurdana. Declarada de utilidad pública, “La Sociedad recibió una subvención de 20.000 Ptas. con las cuales resanó caminos, hizo puentes y atendió al cumplimiento de su humanitario programa”.
La sociedad rural hurdana, en un periodo casi tan amplio como la vida de cuatro generaciones, ha sido tema de consideración por parte de los medios de comunicación de masas a lo largo de diferentes etapas históricas, donde la prensa y el cine colaboraron íntimamente en la construcción de la imagen de esta comarca. Todo ha terminado configurando una imagen mitificada de Las Hurdes, como lugar de atraso, miseria, enfermedad y degeneración humana. De toda esta actividad, los hurdanos a los que fotografiaron sus rostros y cuerpo, guardan un recuerdo negativo.
Su conciencia cree en la existencia de una leyenda negra que ha dañado profundamente la identidad rural de la comarca y le ha hecho sentirse un “extraño” dentro de su propio país.
Quizás el mejor ejemplo sea el documental de Buñuel, según José Comas se le considera pieza clave en la difusión de la leyenda negra sobre Las Hurdes y se acusa a Buñuel de haber manipulado la Realidad.
En 1903 se crea la “Sociedad Esperanza de Las Hurdes” con el apoyo de los eclesiásticos, para mover la conciencia de la opinión pública y llamar la atención del estado de los problemas de la región hurdana.
La difusión de toda la literatura animó al Rector de la Universidad de Salamanca Miguel de Unamuno a visitar Las Hurdes en el año 1913, acompañado por Jacques Chevalier, Maurice Legendre, hispanista francés gran conocedor de España, y tío Ignacio de La Alberca, excelente guía y gran conocedor de los caminos intransitables del lugar. Tras el viaje compuso una serie de artículos que reflejaron sus vivencias personales (un diario) y que publicó en la prensa en cuatro entregas, concretamente en El Imparcial, y posteriormente formando parte de su libro Andanzas y visiones españolas . El motivo del viaje fue, una vez que estaba de lleno comprometido en una campaña agraria, conocer de primera mano la comarca hurdana, de la que tan mal se hablaba por su atraso, miseria y malas comunicaciones, así como también por el influjo de las primeras conclusiones que Legendre estaba extrayendo de sus viajes, en las que Pintaban la realidad un tanto negra.
En 1922 debido a los problemas de bocio y cretinismo que existía en Las Hurdes, el Dr., Marañón decide comprobar “in situ” el problema, y así dar fe de que este problema realmente existía. Este viaje fue decisivo para convencer a Las Cortes que debían llevar a cabo una misión inmediata y que el rey Alfonso XIII debía visitar la zona.
Así pues, el 20 de junio de 1922, el rey Alfonso XIII visitó la comarca, recorriéndola durante 4 días toda ella a caballo, acompañado por un numeroso séquito de militares, políticos, eclesiásticos, etc. y viendo con detenimiento cada lugar por donde la comitiva pasaba. Este viaje supuso una acción muy directa sobre el desarrollo de la región, impulsando medidas que pretendían atajar males como las enfermedades endémicas de bocio y el cretinismo, la falta de comunicación hacia el exterior e interior, la educación, etc. Así, el 18 de julio de este mismo año, se creó el Real Patronato de Las Hurdes, “una institución de beneficencia dedicada a remediar las singulares necesidades de la comarca”, es decir, un organismo encargado de dirigir y promover el desarrollo de Las Hurdes. Para ello, se construyeron tres Factorías (“Alfonso XIII”, en Las Mestas; “El Jordán”, en Nuñomoral; y “Los Angeles”, en Caminomorisco) que se erigieron como núcleos expansores de la acción benéfica que pretendía el Patronato y que albergaban la escuela, el dispensario médico y casa cuartel de la Guardia Civil, con el apoyo económico del Gobierno. En definitiva, este viaje real se puede considerar como un motor de impulso del desarrollo socio-económico de Las Hurdes desde el punto de vista material.
Maurice Legendre, hispanista francés, secretario de la Casa de Velázquez en Madrid y compañero de viaje de Unamuno, se convierte en uno de los estudiosos que con más dedicación y ahínco se volcó sobre Las Hurdes. Estuvo muchos años estudiando la comarca (visitándola cada verano) en sus diversos aspectos (económico, social, político y moral), una labor de campo a la que puso colofón la publicación de su tesis titulada Las Jurdes: Étude de Geographie Humaine en 1927. Al trabajo documental se unen 49 fotografías sobre paisajes, cultivos, poblaciones, gentes, detalles de viviendas de los núcleos más pobres, etc., que nos dan otra visión de la realidad hurdana.
El rey Alfonso XIII vuelve a visitar la comarca el día 30 marzo del año 1930 para comprobar de nuevo los avances que se habían llevado a cabo a través de la acción del Real Patronato de Las Hurdes (construcción de escuelas; instauración de un servicio sanitario completo con la incorporación de médicos; carreteras y caminos; puentes; etc.). El viaje fue interrumpido por la noticia de la repentina muerte de Primo de Rivera y, con ello, precipitó que la visita se acortara, teniendo que regresar a Madrid debido a la agitación política que se estaba poniendo en marcha.
En 1931 El Real Patronato de Las Hurdes pasa a denominarse “Patronato Nacional de Las Hurdes”, donde el gobierno provisional de la República (de Franco) seguirá con las postulaciones anteriores. En esta época Las Hurdes se convierten en una tierra de destierro, de exiliados para los opositores del régimen político. El destierro del Dr. Albiñana en Nuñomoral, y durante su estancia en Las Hurdes publicó sus obras relacionadas con la comarca: “La república jurdana y confinado en Las Hurdes”.
Fuente: http://www.infonegocio.com/joaquindealba/caricaturas_de_kin.htm
Las Hurdes siguen siendo objeto de atracción y como un ejemplo claro de ponerlas como pretexto para unos fines determinados. Así, podemos señalar las fechas del 23 de abril y 22 de mayo de 1933 como uno de los períodos más críticos y polémicos de la reciente historia hurdana que no es otro que la filmación de “Terre sans pain” (Tierra sin pan) por el prestigioso cineasta aragonés Luís Buñuel. Si anteriormente habían aparecido imágenes de la realidad hurdana con esta obra esa realidad se va a transformar, se va a distorsionar mediante comentarios sonoros impactantes para crear un documento de denuncia cruel que interpreta la realidad hurdana de un modo diferente para llamar la atención del “subconsciente del espectador”. Buñuel consiguió el efecto esperado, pero quizás no calculó los efectos colaterales que llegarían más tarde (turismo morboso, imágenes esteriotipadas…) que todavía en los tiempos actuales se siguen manteniendo. Este “ensayo fílmico” provocó en las gentes de Las Hurdes mucho dolor e indignación porque se sintieron engañadas y manipuladas, además de hacerles perder su propia dignidad. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y en muchos sitios fue censurada por las formas de presentar una “realidad” que nadie quería ver. Muchos años han pasado ya desde su creación y el “documental” todavía se mantiene vivo, quizás porque se sigue hablando de él o porque se sigue creyendo que esa “realidad” hoy todavía existe, pero los tiempos han cambiado, incluso el color de la comarca. Ya no se piensa en blanco y negro, el pasado fue, y ahora se debe interpretar desde la coherencia, inteligencia y respeto de los tiempos actuales. Ramón Acín, Rafael Sánchez Ventura, Elí Lotar y Pierre Unik fue su equipo multidisciplinar que dio cuerpo a esta obra encuadrada dentro del cine documental.
Si la actividad del Real Patronato de Las Hurdes se centró en el ámbito educativo en la construcción de escuelas, en estos momentos aparece en escena el Hogar Escolar “Francisco Franco” inaugurado en 1941 con una capacidad para albergar a 50 niños de toda la comarca que se servían de la educación que allí se impartía, en beneficio siempre de su 6 y 14 años de distintos sitios de Las Hurdes. Sufragado por el Estado, los niños que allí vivían no pagaban ninguna cuota.
Años más tarde, apareció otra Institución humanitaria en Las Hurdes: el Cottolengo del “Padre Alegre”, en Fragosa, en el año 1952 (inaugurado el 13 de enero) Funciona como ente privado de caridad, acogiendo y asistiendo solamente a personas desamparadas. Durante muchos años, este lugar se convirtió en centro de maternidad para muchas nodrizas de la comarca, ya que entre el personal que lo atendía se encontraban enfermeras y médicos, y muchos niños y niñas deben su agradecimiento a esta labor.

Fuente fotografía: http://www.flickr.com/photos/8866806@N03/1418001500/in/set-72157600348268389/
El Jefe del Estado español, el Generalísimo Francisco Franco visitó Las Hurdes el 10 de mayo de 1954, y proclamó a los hurdanos como ahijados suyos en esa misión de “preocuparse” por aquellos ciudadanos desvalidos y desprotegidos. Esta nueva “acción desde el exterior” conllevó la realización de proyectos para la mejora de los todos los estados sociales, culturales, políticos y económicos de la zona. Durante el año 1955, los distintos ministerios se ponen de acuerdo para transformar las condiciones de vida de Las Hurdes: agricultura, ganadería, artesanía, cooperativas, sanidad y analfabetismo.
En 1956, Pilar Primo de Rivera promueve la sección femenina de Las Hurdes que pretendía “la difusión de los principios del nuevo Estado y la que pretendía “la difusión de los principios del nuevo Estado y la realizar acciones en torno a la educación física y el deporte; a la orientación y formación de la mujer en materia religiosa, política y convivencia social; actividades en torno al trabajo de la mujer en los sectores agrarios y artesanal; promoción cultural, sanitaria y social en el entorno rural; etc. Durante su estancia en Las Hurdes logró promover numerosas actividades en las alquerías hurdanas de las que mucha gente fue partícipe, estuviesen o no a favor o en contra del Régimen.
A partir de este año, la modernización aunque más tarde comienza a entrar en Las Hurdes, así, en 1958 llega el teléfono, en el año 64 hay instalados 41. Un año después se termina la instalación del tendido eléctrico dejando atrás muchos años de faroles de carburo y aceite. Años más tarde, ya en el 63 se produce el proceso migratorio, con lo que el hurdano se ve obligado a dejar su tierra, pero luego vuelve creando nuevas construcciones transformando sobre todo su arquitectura tradicional, así poco a poco Las Hurdes van perdiendo progresivamente una seña de identidad propia. ¿Con esta evolución se pretende borrar un pasado lleno de penurias?
En resumen, tras más de cuatro siglos de conformación y configuración de la sociedad hurdana hoy es posible concluir que dicha sociedad se ha visto notablemente y extraordinariamente influida y condicionada por las continuas y reiteradas intervenciones del exterior -cambiante y diverso según las épocas y las circunstancias- frente al cual los hurdanos han ido “elaborando” un modo de respuestas colectivas que han girado desde tiempo inmemorial alrededor de la valoración y la estima de lo propio, siempre, en lo esencial, a lo que del exterior llega.
A lo largo de los siglos, Las Hurdes han venido debatiéndose entre la “integración” en un todo superior del que dependían su supervivencia y el “rechazo” a esas instancias exteriores pasando a la introspección y el ensimismamiento. Entre la apertura y el aislamiento.
Autores: Luciano Fernández Gómez. “Apuntes hurdanos, nº 2″. Jose Pedro Domínguez. “Las Hurdes, la memoria del siglo XX”
Fuente texto (parte): http://www.mancomunidadhurdes.org/index.php?opcion=historia
Octubre 29, 2009 at 1:20 pm
me hubiese gustao vivir en Las Hurdes.